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La culpa no es de la víctima

Con frecuencia tienes miedo de salir de tu casa. No te gusta caminar.

Pasa algo, no quieres pensar mucho, quieres atrincherarte en tu cuarto, volver a un nido imaginario. Llorar. Sientes la respiración pesada. Esa vieja y conocida sensación de bruma en el pecho. Las cobijas te amparan. Lloras. Tienes rabia y también te duele. Vas a tener que salir.

En la esquina de tu barrio han robado a mujeres, niñas, niños, jóvenes. Es el pan de cada día. Has bromeado y has dicho a tus amigas, “no traigas cuchillo que acá te lo damos”, porque sí, ya naturalizaste el asunto. Tú siempre has sido de las que pide que la recojan y la lleven a casa. No te gusta caminar sola.

Entonces, ahora te cuestionas si eres muy cobarde, si debiste salir de la casa hace rato, es decir, cambiar de barrio. Te sientes más sola que nunca, escribes a una amiga, quieres tomar un aire, un café. Ella no puede verte. Es normal, la gente trabaja. El desamparo turba.

Sucedió en la mañana, estabas entrando a tu escritorio cuando te fijaste que no estaba el celular. Lo dejaste pasar, preguntaste a las personas que viven en tu casa si lo habían visto. Nadie nunca ve nada. Días después necesitas tu bolso, ese que habías pagado a cuotas. No estaba, no lo habían visto. Tampoco estaba el que habías colgado en el tendedero porque regresaste de un viaje. Menos iban a estar tus audífonos bluetooh.

Te robaron en tu casa. No en el barrio. No la gente a la que no llevas en el corazón. Pasan las horas, hablas con tus amigas y ellas ahora son el refugio, el cuido, el apoyo. Pero hay otra persona de la que esperarías otra cosa, esa persona lo que haces es culparte, responsabilizarte.

Te da rabia. Tres perros rabiosos te muerden en algún lugar del alma. Imaginas tres situaciones:

Una mujer va camino a su casa y llama a su pareja para no sentirse sola. Pasan dos tipos y le roban el celular.

Una mujer toma demasiado alcohol en una fiesta con amigos y resulta que uno de ellos termina abusándola sexualmente.

Una mujer deja sus cosas en la casa y es robada. En su propia casa. No, esto último no lo imaginas, lo acabas de vivir.

¿Y entonces esa persona que te culpa es una insensible? ¿Sufrir una agresión, un delito, es responsabilidad de la víctima? Esto lejos de ser lo justo y de acusar al culpable, hace que la supuesta búsqueda de una explicación ante lo sucedido termine desviando la atención del agresor hacia la víctima. Termina justificando sus acciones.  

Fin de la historia verdadera.

Después de tramitar las emociones, recordé que la gente que dice ese tipo de cosas a veces ni siquiera es que sea cruel. Solo que nos han acostumbrado a pensar así. Y NO. Las víctimas no nos lo buscamos, tampoco nos lo merecemos. Mucho menos somos responsables de lo sucedido. No pretendan conseguir cierta seguridad creyendo que podrán protegerse de algo. No es así. Sufrir un ataque no es un asunto de si hicimos o no lo correcto, si nos cuidamos o no lo suficiente, si fuimos precavidxs o no.

La culpa, la responsabilidad, el delito, es del agresor.

Eviten decir cosas como:

1.      ¿Pero no sabías que no hay que sacar el celular por esa zona?

2.      ¿Que no dejas con llave tus cosas?

3.      Pues si te pones esa falda, obvio vas a ir por ahí provocando.

4.      Pero si sabes que es un maltratador por qué sigues con él.

 

Mejor digan:

1.      Eso que te hicieron fue una injusticia. Mereces estar tranquila, en la calle, en el transporte público, en tu casa. Un robo es un problema social, no tu debilidad o tu responsabilidad.

2.      Siento mucho que estés atravesando por esto.

3.      No es tu culpa, nadie tiene derecho a abusarte o agredirte.

4.      No estás sola en esto, voy a apoyarte en lo que necesites, escucharte. Podemos buscar ayuda y atención.

 

 

  

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