Soñé que hablábamos de vernos. Mientras me invitabas a un encuentro en un lugar y tiempo lejanos yo dibujaba círculos en el suelo, en la arena del patio de una casa costeña. Después, me descubría escribiendo tu nombre, pidiéndote que vinieras. Ven. Le tomaba una foto, ya ves que la arena se eleva y se pierde. Como era de noche encendía unas antorchas de grandes llamas naranja para iluminar mis trazos. Entre cada letra habitaban rostros de negros y negras de tiempos de esclavitud. Sonreían. En eso yo salía a preguntar por qué se escuchaban gritos en las calles de esa Cartagena interior. Y era el pueblo protestando por un decreto del alcalde. La gente discutía con una pareja que pedía que no se ensayaran los bailes del bando en ese callejón. Yo, junto con los bailarines, les reclamaba desde un sentir afro, les decía que respetaran sus ancestros, su legado, su memoria, que no entorpecieran el ritual. Desperté por un ruido externo, justo cuando la mujer estaba asumiendo su equivo...