Soy un cuenco, te recibo. En ti hay un pomo verde con ojos que al abrirse muerden. En ti hay un universo anidado en todo aquello que desconozco. Son imágenes que acompañan, que gritan, que se baten doloridas en una suerte de estruendo, un olor, un sabor de tu sexo, ese líquido espeso y transparente. Hay puertas y vacíos, caminos labrados por surcos de sudor, piel: una pluralidad de grietas, fermentadas y dulces, un gustillo a infusión, un paladar sediento. Una realidad paralela. Tu pelo revuelto que cae en este aire difícil. Tu movimiento circular, oriente – occidente, norte - sur. Tú, entrada y salida. La cama se hace pequeña, sofoca, no quepo, no estoy, me voy, vengo. ¡Viene! Es la muerte que se revienta en lo que ahora es un cuarto deshabitado. Los telones negros que abrieron paso al sopor, a la amalgama, a la alquimia entre sueños y realidades, se cierran. Tú, tu existencia, tu distancia incesante, este no saber, este condicionarme, este arrebato de las dos o tres...