Defienda su intimidad, protéjala de mí que soy una intrusa. Evíteme el disgusto de conocer su corazón tan oscuro. Conserve sus apreciados secretos. Príveme de invitaciones a su esencia sagrada, sus elucubraciones, su indómito corazón. Que el balance de su seguridad no se desvíe, no se arrincone al sentir que voy más allá de los límites. Hágalo, porque a fin de cuentas, como extraña, ajena e inoportuna que soy, no va a afectarme ser para usted, también, una completa desconocida.