"No era solo que sus cuerpos fuesen iguales, igualmente despreciables, que fueran meros mecanismos sonoros sin alma, ¡sino que además se alegraban de ello! ¡Aquella era la alegre solidaridad de los imbéciles! Las mujeres que estaban felices de haberse deshecho de la carga del alma, de ese ridículo orgullo, de la ilusión de la excepcionalidad, felices de ser por fin todas iguales..." La insoportable levedad del ser Milan Kundera