Se siente una ausencia pesada, amarrada a los dedos, el espacio vacío. Silencios escarbados, encontrados, contenerse, llorarlo, levantar el teléfono. Colgar. ¡Carajo! La dependencia… renuncié a amar porque no quería de pronto, en una noche, sorprenderme necesitando compañías suavecitas, almohadas con olores tuyos, espacios habitados, desorden, lámparas apagadas, cigarrillos, voces, caminos, recuerdos sordos, abandonos, renacimientos, cama, baño, ropa; a vos. ¿Qué es lo que realmente le sucede al alma cuando algo del cuerpo se aferra a una piel distinta, a momentos de verdadero placer cadencioso? No olvido que la duda es una aliada. Levantar el teléfono, colgar de nuevo. Las atmósferas inmateriales desbordan luces, ilusiones definidas que no llegan a ofrecer verdadera felicidad. Más ausencia, estarás sentado en algún sillón, camiza fuera, zapatos bajo la cama, lámpara encendida, libros reventados, callejones oscuros. Qué bueno dudar de la verdad. Nada tiene verdad. ¿El amor la tiene? R...