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El entorno que agobia

Se siente una ausencia pesada, amarrada a los dedos, el espacio vacío. Silencios escarbados, encontrados, contenerse, llorarlo, levantar el teléfono. Colgar. ¡Carajo!

La dependencia… renuncié a amar porque no quería de pronto, en una noche, sorprenderme necesitando compañías suavecitas, almohadas con olores tuyos, espacios habitados, desorden, lámparas apagadas, cigarrillos, voces, caminos, recuerdos sordos, abandonos, renacimientos, cama, baño, ropa; a vos. ¿Qué es lo que realmente le sucede al alma cuando algo del cuerpo se aferra a una piel distinta, a momentos de verdadero placer cadencioso?


No olvido que la duda es una aliada. Levantar el teléfono, colgar de nuevo. Las atmósferas inmateriales desbordan luces, ilusiones definidas que no llegan a ofrecer verdadera felicidad. Más ausencia, estarás sentado en algún sillón, camiza fuera, zapatos bajo la cama, lámpara encendida, libros reventados, callejones oscuros. Qué bueno dudar de la verdad. Nada tiene verdad.


¿El amor la tiene? Respuesta descortés: tu amor no me resulta del todo verdad. ¿Es viento fresco? Caminar, recorrer tu ausencia, el cuarto se expandió. Algún dios se me acerca al oído y me cuenta que se nos dio una suerte de auténtico amor. Pero es un trozo de madera flotando en alta mar, igual que yo.


El baño se fue más lejos, la lluvia es como de veinte días, hay otros rumores. Ganas de salir corriendo, subirse al bus, lléveme en mil, hágale rápido, buenas noches, no se siente, no se siente aquí, avanzo sola, quiero llegarte. Bah, no avancé ni un centímetro, apago la pantalla.


No hay cigarros en los bolsos, no he guardado provisiones para invierno. Este olorsito insoportable a recuerdos viejos, saudades. Tengo que concentrar la mente, pantalla prendéte otra vez.


No puedo admitir, de ninguna manera, la exigencia voraz de un amor estable. No se da la agudeza en los sentidos, no encuentro métodos para hacerlo simple, breve. El café se enfría, el dulce se perdió en algún lado. La amargura sige pensándolo.


Y entonces para qué robarte, despojarte, quebrarte, emprender viajes, lanzarnos hacia abismos oscuros con tanto ir y venir. Es necesario ser franca de una vez con vos y conmigo. Sorbos de café, las reflexiones que se me dan en etapas de altos niveles hormonales -débiles, cobardes- sólo sirven, sólo se encajan y se desarrollan en entornos problemáticos y egoístas.


Y no quiero llenar la nota de palabras negras ni de abyecciones… de ninguna manera. Quiero que regreses, si así lo querés, amando mi espíritu, amando la palabra que empieza con n, la tercera letra de mi primer nombre: nefelibata.


Amándome con cafés, cigarrillos, voltajes dorados, serpentinas y risas estalladas; enamorada, desprendida, alucinada, resquebrajada, ahogada, perdida, enojada, baleada, atormentada, obstinada, punzada, abandonada, olvidada, alivianada, agradecida, renovada. Amándome con las manchas de los días, con lo tatuado en la piel, en el alma.


Y bueno… distanciate entonces, no interrumpás tus vuelos autónomos para sentarte a mi derecha. La lámpara se prende otra vez para escuchar la poca voz. No entendés los silencios. No me hagás caso. Formas distintas de ver el mundo. Seguí siendo libre, te suelto. Ya no levanto más el teléfono.


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