Para Emily, que ya no está Estaba decidida a agregar pensamientos claros a las noches, dejarme de disparates, empezar a crecer. Aclarar la vista, limpiar los vidrios, comenzar a respirar despejada. Prendí velitas de incienso como aire potencialmente rojo, prendí velas blancas para algún destello de aves en vuelo. Corté el hilo que estorbaba en la entrada, pesqué los cachivaches y los arrumé en una esquina. Levanté los libros, enderecé las fotos. Entonces entraste mirando las colchas revueltas, la habitación en tres, huellas de todo: historias, máquinas, besos, lápices y ella. El espacio quedó suspendido en cuadros de ira. Tus ojos y las risas envueltas en recuerdos viejos, viejísimos, se iban como remolinos, daban vueltas, ardían en fuegos. Los dos, enfrentados, acusados, perseguidos. Me dejaste sin armas, no entendía nada. Cómo explicarlo sin copas ni cigarros. Era seguro, ibas a juzgar. Pensé en las cosas sencillas, decirlo con calma, arroparte la ira, calmar la rabia c...