Soy un cuenco, te recibo. En ti hay un pomo verde con ojos
que al abrirse muerden. En ti hay un universo anidado en todo aquello que
desconozco. Son imágenes que acompañan, que gritan, que se baten doloridas en una
suerte de estruendo, un olor, un sabor de tu sexo, ese líquido espeso y
transparente. Hay puertas y vacíos, caminos labrados por surcos de sudor, piel:
una pluralidad de grietas, fermentadas y dulces, un gustillo a infusión, un
paladar sediento. Una realidad paralela.
Tu pelo revuelto que cae en este aire difícil. Tu movimiento
circular, oriente – occidente, norte - sur. Tú, entrada y salida. La cama se
hace pequeña, sofoca, no quepo, no estoy, me voy, vengo. ¡Viene! Es la
muerte que se revienta en lo que ahora es un cuarto deshabitado. Los telones
negros que abrieron paso al sopor, a la amalgama, a la alquimia entre sueños y
realidades, se cierran. Tú, tu existencia, tu distancia incesante, este no
saber, este condicionarme, este arrebato de las dos o tres de la mañana. Esta
delicadeza. Este abandono. Si te vas, el telón se abre y yo voy hacia mí.
No quiero nada que convenga.
Alex Molina
Alex Molina

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