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Hace un tiempo, en ese portal traslúcido de tu ser desconocido, encontré una mirada sugestiva, un río que fluía libre, un hombre avanzando por las calles con la certeza de la sonrisa acompañante.

En ese portal traslúcido, después, encontré el abrazo de una voz que se iba quedando, trepando por la pared de mi pensamiento. Esa voz invitándome a la conversación orquestada por cervezas cómplices y espíritus desprovistos de máscaras, sedientos de huellas.

En ese portal sé que reside un universo entero, intenso, profundo, abismal, ¡tremendo! Un carácter que extiende brazos, oleajes de fuerzas contradictorias, sal marina. Yo había perdido cualquier miedo. Me lancé.

Hoy, un torbellino, un día, dos días, tres días… Mi memoria es un claroscuro que alberga lo que puede sin pretensiones, desisto. ¿El olvido se apodera así de fácil del frenesí valiente de las noches pasadas? Estoy suspendida, no puedo agujerear el papel, me perforo yo misma. Me encuentro llameante, ardiendo en la solidez de tu última palabra que fue frívola, esquiva, distante.



Alex Molina

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