Por: Alexandra
Molina
Soy una mujer que necesita disciplina. Es
verdad. Hace poco más de dos años me cansaba solo con pronunciar la palabra ejercicio.
Luego hice algo de danza afrocolombiana contemporánea y conocí el pole. En esta sucesión de afortunados
eventos encontré la potencia que revienta de hacer algo deportivo, definitivo,
con real entrega, con orden, con método. Antes del pole y la danza no había dado con algo que me enganchara tanto,
salvo la escritura y mi trabajo. Así que aquí estoy, escribiendo, en esta
ocasión sobre el pole.
Hago pole.
Aprendo pole. El pole tiene muchas variaciones, están las del tubo deportivo, las
del tubo exótico, las del tubo artístico. Yo me inclino por el deportivo —que
algunas personas han llamado pole fitness—.
¿Entonces qué es el pole sport o tubo
deportivo? Una mezcla apasionante de interpretaciones artísticas y atléticas, de
acrobacias, equilibrio, fuerza muscular, resistencia, elasticidad, elongación, técnica
y facultad de interpretación y ejecución.
Según la bbc, el pole empezó su carrera para convertirse en deporte desde 2005. Para
que el Comité Olímpico Internacional lo incluya en los juegos olímpicos, además
de ser aprobado por el SportAccord, debe cumplir una larga lista de exigencias
que van desde aplicar el código mundial antidopaje hasta ser un deporte
ampliamente practicado en más de 70 países y crear comités y políticas con
organizaciones propias. Estamos esperando la buena nueva y podemos decir que ya
se ha avanzado mucho trecho.
Es alentador ver cómo se van alejando las ideas
preconcebidas y moralistas, pues como dice Laura Somano, mi instructora de pole en Popayán, la gente a veces se
torna retrógrada y no lo asume como un deporte. “Para mí fue muy difícil al
principio porque nadie había hecho pole
aquí en Popayán, para todo el mundo fue algo nuevo, fue difícil que se
acostumbraran a ver algo así en los gimnasios” agregó, concluyendo que se ha
labrado un camino dificultoso que ha ido transformándose con el tiempo.
Tengo una última reflexión qué hacer, se
trata del asunto de la cosificación. Está claro que el pole nació en un contexto donde las mujeres eran vistas como
objetos que satisfacían los deseos masculinos. Y, bueno, según todo lo que he
dicho, los strip clubs, el alcohol,
el humo y las luces de neón o de colores, todas ellas han ido reemplazándose por
el exigente mundo de la disciplina deportiva.
No quiero decir con esto que el pole dance no sea exigente, por el
contrario, bailar en un tubo con tacones gigantes evidentemente lo es y es
precisamente en el asunto de hacerlo en ciertas condiciones que puede resultar
una práctica cosificadora. A lo que voy es que ahora el pole se ha resignificado y se ha transformado. Ahora hacemos pole con muchos más fines, por ejemplo, ejercitarnos
y trabajar casi todos los músculos, para retarnos y superar nuestros límites.
El pole ya no es un asunto de
erotismo, únicamente.
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