Hay un problema que me desestabiliza y me está lastimando de
manera profunda. Muchas mujeres estamos trabajando fuertemente por transformar
las relaciones heteropatriarcales en torno a lo que se cree que es el amor, por
resisitir y por replantearnos los mitos de ese amor romántico que tanto daño
nos ha hecho.
Pero muchos hombres no. Y aún hay mujeres que han
interiorizado de tal forma esta manera de relacionarnos, tóxica y opresiva, que
son cómplices de la estructura que las violenta y son, también, opresoras que
reproducen la violencia en diversos lugares.
A lo que voy es que si bien existen mujeres que hieren y violentan, son los hombres los que nos han esclavizado
sexualmente, los que nos han mutilado, silenciado, los que invaden nuestro
territorio y demarcan con sus acosos los territorios intransitables. Son ellos quienes
nos dominan a través de la culpa, nos asesinan, nos empalan, nos violan, nos
encarcelan por decidir sobre nuestro cuerpo… es un largo etc.
Y son ellos, aún, los que se niegan a cuestionarse el
privilegio de años de injusticias y abusos de un sistema que definitivamente no
plantea condiciones de diálogo equitativo e igualitario entre hombres y mujeres.
Entonces el puente se nos sigue cayendo estrepitosa,
violenta, silenciosa o lentamente porque aún en las situaciones más cotidianas
nos sentimos cansadas, abandonadas y más incomprendidas en todos estos dolores.
El machismo está matándonos, las violencias son un problema
colectivo —no es que a ella la asesinaron por celos y a la otra la empalaron
por salir una noche al intentar el regreso a casa—. Como no se trata de casos
aislados, el machismo y esta forma de orden de mundo y de concebir el amor nos debería alarmar y
preocupar seriamente.
Es el momento, como el de muchas, no solo de deconstruir y
desmontar las estructuras de ese amor romántico, sino también de transformarlo
para, como dice Coral Herrera, liberarlo del patriarcado y del capitalismo creando
otras formas de relacionarlos, política y amorosamente. Un amor en el que
podamos activar la fuerza de relaciones equitativas y libertarias.

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