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Seis cosas que aprendí de estar soltera (esta vez)

Amo el cambio. Disfruto los chistes, los rostros nuevos, los adioses. Me gusta mucho viajar y no tengo pareja estable desde hace dos años. Miro a la mujer que yo era antes y pienso que esto no habría sido posible en otro tiempo. No me gustaba no tener a alguien en quien apoyarme y abandonarme, me dolía la idea de no poder disfrutar del sexo tranquilo, fuerte y/o pasional, pero sobre todo, seguro (no solo en términos de cierta confianza en la pareja y su respeto sino también en que era sexo fijo).

Ahora soy feliz también. Claramente la felicidad es un estadio y lo estoy disfrutando. Me gusta el amor y ahora lo proyecto diferente sin sentir la presión de llevar al chico a las reuniones con amigos/as, fiestas, caminatas, conciertos y demás esferas donde cuestionan permanentemente la soltería.

1. A conocerme a mí misma y tener tiempo para mí… ¡y de calidad!

Esto es lo más complejo. Si estoy en pareja comienzo a vivir tanto en la vida del otro que puedo olvidarme de muchos factores personales. No se trata de ser su mímesis, pero sí de que un buen día solía percibir, con la boca abierta, que llevábamos puestos los mismos colores varios días a la semana y que habíamos dejado de asistir a muchas cosas que amábamos disfrutar en soledad, entre otras cosas también muy importantes.

Lo difícil es aprender a escucharse y a decir no, no quiero, porque no, porque es mi espacio, porque es genuino, porque soy yo. Negocio, sí, pero en el silencio de la soledad aprendo que hay cosas que no se negociarán más, como mi adicción al café y a ver películas largas, mi rechazo profundo a las preguntas cotidianas que alimentan los celos y el cansancio de la rutina de alguien que apaga la luz del otro para brillar.

2. Que todo tiene su final

Decir no, concluir una relación que no va para ningún Pereira, dejarme de inseguridades, saltar al vacío como cuando empecé a amar. Todo acaba, pero la vida sigue y abre un espiral, una vuelta, un recomienzo que a ciencia cierta no lo es, porque uno continúa, más sabio, más grande, menos conchudo.

3. A ser selectiva sin perder la esperanza

Después de cortar una relación me rompo. Esto es literal. El mundo se cae, se hacen grises las calles, lloro y soy terrible. Veo películas como El diario de Bridget Jones y termino con series televisivas que me socorren del profundo abatimiento. Compro ropa negra, tomo licor como si no hubiera mañana y no me pierdo una fiesta los fines de semana o, por el contrario, no vuelvo a salir de casa en tres meses.

Luego, todo pasa. Empiezo a volver a levantar el edificio desplomado, a quererme más y mejor. Vuelvo a sonreír, a vestirme de colores, a coquetearle a algún extraño y a creer que el amor existe. Solo que agudizo más los sentidos, los instintos y compruebo que voy aprendiendo a descartar (cada vez mejor como en una sucesión de afortunados sucesos) a los posibles candidatos que resultarían potenciales cretinos. Ahora me parece que tengo menos tiempo para amar del que tenía antes y, por ende, el amor se hace más digno y absoluto (si es que esa palabra puede usarse en el amor).

4. A rodearme de otro tipo de gente

Básicamente había entrado en un círculo vicioso en términos de relaciones afectivas. Habíamos caído en los mismos errores, los mismos dramas y las mismas conversaciones. Habíamos desaprendido el placer de reírnos de nosotros mismos. Estar soltera también me llevó a buscar otras ideas, otras experiencias, otra gente. Fue así como se ampliaron los discursos, los sueños y se cerraron los ciclos tóxicos, también.

5. A ser más paciente

Cuando empiezo una relación comienzo a entrar en un vertiginoso huracán de pulsiones. Me acelero. El tiempo del amor parece ir a mil y más ahora con las redes atiborrándonos de mensajes y porquería. Sola, me di cuenta que es mejor ir pausadamente, esperando, disfrutando, saliendo a caminar mientras surgen las respuestas. Además, me dura más la plata y entonces pienso mejor en cómo gastarla.

6. Que la fidelidad es un acuerdo enredado

Este punto ha sido uno de los más difíciles de comprender. Cada relación en la que estuve tuvo su dosis de celos y dudas. No voy a negar que algún día “pegué cacho” y me los pegaron (uh… debieron ser muchas) y es por eso, por la porción de empatía que he logrado con cada experiencia, que concluí que la fidelidad es un terreno espinoso al que se llega, si uno se lo propone, pero que es durísimo mantener. Y la fe, queridos, se está extinguiendo, aunque es una llama que a veces vuelve a tomar fuerza.



Alex Molina

Comentarios

  1. Amar la soledad. Creo que es lo que uno aprende.
    ¡Identificada total!, querida Alexa.
    Que lindo que lo hayas escrito.
    Besos.

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    Respuestas
    1. Gracias por leer y recibir lo que comunico con tanta calidez. Te abrazo, bonita Nata

      Eliminar
  2. Solicito lista de películas largas favoritas

    ResponderEliminar
  3. La fidelidad, como lo dices, es un terreno brumoso y lleno de medios tonos. Me pregunto si la fidelidad es algo que se exige, algo que se espera, o algo que se entrega? Si la etimologia no se equivoca, fidelidad tiene su raiz en el latin Fede, que es equivante a Fé. Así, la fidelidad es una espécie de Fé que se deposita en el otro, que vamos cultivando a medida que atribuimos a ese otro responsabilidades para-con nosotros.

    El tipo de responsabilidades que somos capazes de exigir del otro, cuando estamos en una relación pasajera es diferente del tipo de fidelidad exigida a los compromisos exigidos en relaciones de mayor duración. Sin embargo, una vez que cualquier matrimonio puede deshacerse y hasta lo que parece sólido se desmancha en el aire, nuestras exigencias sobre los otros pasaran inevitablemente por el mismo trabajo de desilusión.

    En este punto, la desilusión anticipada puede ser vista como una solución posible al sufrimiento innato que todo contrato de fidelidad conlleva. Por eso, desde hace un tiempo decidí rebajar mis expectativas sobre el aparente derecho que adquiría al iniciar una relación amorosa con otra persona. En otras palabras, evito crear la ilusión de pose del otro, me desafío dia a dia a no colonizar las almas que me rodean con mis propios deseos.

    Finalmente, ¿qué tipo de fidelidad es esa que dices que es difícil de mantener? Una corporal, la del beso, la caricia y la penetración; o una fidelidad sobre las fantasias, los anhelos, o sobre nuestros profundos sentimientos no declarados?.
    Honestamente, solo soy capaz de exigir (a mi mismo y a mi pareja) responsabilidades sobre asuntos relativos a salud física y psíquica. Afinal, el objetivo ulterior de toda empresa amorosa es ser feliz y hacer felices a aquellos que nos rodean y que estén sobre nuestra tutela.

    Ps: Soy capaz de predicar esta posición de vida, gracias a que tengo hijos y no pretendo tener. De ahí, el fácil desapego a toda intención de control y equilibrio de mi ambiente familiar. Si algún dia esa situación cambiar, estaré feliz por reavaliar estas palabras.

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    Respuestas
    1. Yo pienso de manera similar. Es jodido. Uno va por la vida desencantándose de esa palabra, perdiendo la misma fe (hay niveles, ya tú lo has dicho, entonces ahí viene la moral que nos da las normas para juzgarlo). En fin. No sé, es difícil, cada situación será diferente, supongo. Voy a ver qué me trae la vida jajá. ¿Tienes hijos pero no pretendes tener? Esa digitación fue rápida ;). Te abrazo, gracias por venir.

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