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Leidy y la violencia de género

Frente al tema de Leidy Franco quedan muchísimas cosas que decir. Aquí me animo a mencionar
Imagen tomada de la página de Facebook Colectiva Camina Violeta
algunas:

Primero, que la violencia no se justifica bajo ningún término. Además, que se trata de violencia de género, lo que requiere un tratamiento diferente.

Segundo, que lo que nos dice todo esto es que se trata de un hijo sano de un sistema que pregona el amor como una cárcel, donde los seres humanos somos objetos y propiedad del otro (se da más en el caso de las mujeres, pero bajo ningún término se puede negar que les pasa también a muchos hombres). Es un problema estructural, debe destruirse.

Tercero, que estos casos pasan todo el tiempo y que debe valorarse la profunda valentía de Leidy porque difundió y encontró en las redes sociales el eco que no solemos tener las mujeres. ¿No debía difundirlo porque es la vida privada? ¿Que mejor denunciara y se quedara callada? No, LO PERSONAL ES POLÍTICO, es ahí en el hogar, en lo privado, donde se nos ha silenciado lustros tras lustros, es ahí donde empiezan las más profundas inequidades y violencias y es justo desde ahí donde hay que hacer tambalear todo este andamiaje opresivo y violento.

Cuarto, que es una mujer violentada en una zona del ser, siguiendo a Fanon, sí, es oprimida pero a diferencia de muchas otras mujeres, cuenta con educación y apoyo familiar y social, lo que le permitió una búsqueda de justicia. Esto generalmente no pasa con muchas mujeres de la zona del no ser. Lo que he dicho debería carcomernos la mente y el espíritu para seguir trabajando y luchando; alertarnos para seguir cambiando el estado de las cosas.

Quinto, que los periodistas necesitan capacitación en asuntos de género. Es indignante que se revictimice a la persona, que se le cuestione y no se le apoye, que no se haga un seguimiento más pertinente (por ejemplo, este tema daba para buscar expertas que hablaran de rutas de atención frente a la violencia de género, etc.).

Sexto, que la gente opina y escupe veneno por todas partes, lo que demanda un esfuerzo gigante en temas de educación en asuntos de género.


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