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Minca, tierra ancestral


Tuve que pagar doble pasaje. El día anterior yo preparaba mi equipaje para regresar a Popayán, mi tierra, natal y tenía mucho afán por visitar algo distinto en la costa antes de emprender el vuelo de regreso. Minca.

El viernes, con tanto pendiente no conseguí llegar a tiempo y me dijeron que el último bus de Santa Marta hacia Minca partía a las cinco de la tarde. No me daban los minutos. Preferí viajar el sábado a las seis de la mañana. Cuando llegué no había remedio: debía pagar otro tiquete por haber perdido, torpemente, el mío.

Me rebasó un sabor como de ajenjo, de hierba santa, de amargura en el paladar. Luego, la ruta comenzó a llevárselo todo. Me traía un olor a despedida que de alguna manera también avanzaba conmigo en un bus hacia la Ciénaga, hacia Santa Marta, hacia Minca. Partía de Cartagena.

Llegar a este pueblo situado en el corazón de la Sierra Nevada a 650 metros sobre el nivel del mar, es sencillo. Uno arriba a Santa Marta y compra un pasaje y emprende 14
kilómetros sierra arriba.  

Me bajé del carro tras 40 minutos de recorrido. Sentí el pasar del agua del río, y sentí pasar todo lo demás: el afán, la intranquilidad, la angustia, la soledad, los adioses.
Ante mí, una mujer perpleja y agradecida, se abría un espacio sagrado y ancestral, un camino serpenteante rodeado de las montañas tropicales más altas del mundo, esas que viran hacia el mar caribe.

Inusitada, indecible, imponente, refrescante, la carretera me invitaba a avanzar hacia dentro y los lugareños me daban la bienvenida ofreciéndome comida o visitas a los bosques, cabañas, ríos, cascadas y demás. Pregunté por Yuli, por su juguería, lugar obligatorio en el paso por pueblo.

Comencé a rodearme del verde, de las sonrisas de los transeúntes, a experimentar otro tiempo, otro espacio. Vi los senderos, la iglesia, los colores de los restaurantes, las artesanías, la librería decorada con libros, mandalas, atrapasueños, colores amarillos, rojos, verdes… y café.


Minca es el arrullo los pájaros en los árboles, la fuerza del agua que avanza y cae en cascada, el vibrante olor de las hojas húmedas en el suelo. Minca es encontrarse, perdonarse, escuchar. Minca es la gente, los viajeros que llegaron para quedarse. Minca es la noche bohemia, la risa, la música, el baile en otro mundo.


*Minca, declarado por la Unesco en 1980 como Patrimonio de la Humanidad - Reserva de la Biosfera y del Hombre.

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