Ayer reparé la bicicleta. El mundo tiene sus curiosas formas de devolvernos la esperanza, después de estar varada casi tres lustros (¡¡me gusta exagerar!!) porque ningún taxi quería llevarme, alguien se ofreció y nos subió a su carro. A bordo, pura amabilidad, pura confianza.
Hoy salí a pedalear, se sintió delicioso ¡y dificultoso! La brisa cartagenera no tiene comparación ni la risa del transeúnte. Varios me dijeron: “llévame, llévame en tu bicicleta”, incluso uno me preguntó: ¿tú eres Shakira? Así, con ese "tú eres" tan costeño, como cuando te preguntan "¿tú eres loco?" ¿Tú eres tal cosa o tal otra? Así me iba, placenteramente.
Un lunar: en un semáforo una moto paró a mi lado y el parrillero se bajó. Quise gritar o morirme. Quise que los prohibieran en todo el mundo y sus alrededores. No sé cómo gané velocidad y salí de ahí zizagueando, cambié de ruta, fui a un parque y escribí esto.
Nota: Nos dieron piel para resistir, claro. Y palabras que se desgajan y caen derrumbando las creaciones del hombre. Es aquí donde se consigue alguna revancha, donde logramos vencer cualquier suplicio, cualquier odio, cualquier enemigo.
Gracias a la palabra miles se levantan, resisten, pelean, mueren y renacen.
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