Cansancio de hablar y escuchar siempre idiomas extraños.
Cansancio del peso de las alas en la tierra.
Cansancio de obligarse a ser fuerte
y helar, detener, contener,
petrificar la luz, la nube, el aire.
Para después callar, sonreír, asentir, otorgar.
Y tener miedo de la música,
del libro de poemas,
del perfume del árbol,
del color de la tarde,
porque pueden caer las armaduras,
romperse las corazas
y quedar simplemente un ser humano, solo, débil,
herido de silencios y palabras
Maruja Vieira
Colombia
Comentarios
Publicar un comentario