Va llegando, como llega la noche a este lugar, una presencia sorda, la única razón es sentirte lejos. Van llegando palabras, van llegando las dudas.
Anoche lloré. Quién sabe por qué algunas lloramos tanto justo antes de la luna. Como si sangrar no fuera suficiente, queremos derramar también sal. Me senté y en la cuenca de mi mano derecha imaginé mi corazón. Y entonces las vi. A ti, a ella, a otra y a otra. Las cuatro mujeres que más he amado en la vida después de mi madre. Y me fui en llanto. Ahora me conozco mejor a mí misma. Tengo mejores herramientas para tramitar el dolor. Sé que algunas situaciones que vivimos me recordaron heridas de infancia y no supe gestionar lo que mi piel sintió: el abandono, la sensación de no tener autonomía, la falta de cuidados… podría enumerar, pero no quiero hacerlo. Y me hice un armadillo. Como esos animales que cuando ya no saben cómo vivir se hacen bolita y ruedan hacia la muerte. La mía, imaginaria. Y te agradecí, a ti y a las otras. Les agradecí por el tiempo que fue hogar, palabra, alimento, amparo, viaje, camino, fiesta, brindis; por el placer de la comida, la fiesta y la compañía… Aho...
Van llegando más matices, el momento mudo en el que no escuchas ningún movimiento del tiempo, cuando las dudas se transforman en ideas maduras y necesarias para los próximos parpadeos. Sonrisa absoluta, física si se quiere... pero sabemos que el alma sonríe... para siempre.
ResponderEliminar